Ese universo azul

Me dijo una buena amiga que si he creado un universo propio debo compartirlo con los lectores, explicarlo y aclarar sus claves para que mis historias sean comprendidas más fácilmente. Al parecer, bastantes escritores han incluido en sus obras mecanismos de manera oculta o expresa que dan el sentido completo a lo que quieren transmitir. Federico García Lorca (1898 – 1936) identificaba el verde con la muerte. Juan Ramón Jiménez (1881 – 1858) se valía del mar y los colores en su ruta a lo bello.

¿Por qué el color azul? Tal vez tenga que ver con mi niñez cuando en días muy azules salía a pescar por charcas y pantanos de la provincia de Cáceres, junto a mi padre (q. e. p. d.) y mis hermanos. Bien pudiera ser por el tiempo que siempre he pasado cerca del mar. Esa devoción que practico al observarlo desde la arena, esperando ver cientos de matices nuevos del azul marino. Esta pasión por el azul nació mucho antes de saber que inspira serenidad, sosiego, paz, tranquilidad, pues ya estaban en mi esas sensaciones. Aprendí después de que estuviera dentro de mí que es un color asociado a la espiritualidad y las religiones. Yo también amaba el azul sin conocer que tiene un significado político, enfrentado al rojo, provocando abominables diferencias, incluso fraternales. Con el paso del tiempo he sabido que a lo largo de la Historia idéntica obsesión la han sufrido artistas, pintores y escritores, como Rubén Darío (1867 – 1916) que expresaba la belleza suprema de color azul («el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental”) o Víctor Hugo (1802 – 1885), que había manifestado “L’Art c’est l’azur” (“El arte es azul”). Yves Klein (1928 – 1962) terminó por pintar solo en azul, creando su propio tono: el azul ultramar, IKB (Internacional Klein Blue). Innumerables son las canciones que tienen al azul/blue como elemento principal y quizás “Azul” (1996) del grupo musical Tahúres Zurdos algún día se convierta en un himno para los bluemaníacos (“…Mi madre es tan azul… Mi voz es azul… Cogería trozos de cielo para moldear tu piel azul… Espérame en tu lado azul…”). Quienes se relacionan conmigo no tienen más remedio que soportarlo ya que hoy tengo el azul en mi alma y en muchas de las cosas que me rodean. Las ropas, las cortinas, los manteles, las vajillas, los cuadros… En mis escritos… Todo lo quiero azul…

Es evidente que la realidad se demuestra imperfecta, dura y corrosiva. Lo que hemos hecho con nuestra civilización no tiene nombre. Por eso he creado ese universo azul, paralelo, utópico. En él pasan las cosas tal y como deberían suceder: el cariño invade o más bien arrasa a destajo, el amor es ley, el respeto se vuelve costumbre irremplazable. Allí es total, que no testimonial, la ayuda al necesitado, el hambre dejó de existir y las guerras son inconcebibles porque la violencia entre las personas no es una opción jamás. La paz está en la esencia misma de las gentes. Los más insignificantes comportamientos son intrínsecamente buenos. Hasta los vicios y pasiones se ponderan convertidos en virtud. En ese universo azul los bosques no se tocan, los cielos están limpios, en el mar y los ríos las aguas aparecen cristalinas, a la vez que los animales cumplen sus ciclos libremente, protegidos del aniquilamiento. La infancia es sagrada mientras la edad avanzada se define como juventud acumulada, arrinconando la perspectiva de que supone una molestia detestable. A los mayores se les utiliza tan solo como un compendio del saber, de la experiencia y se les cuida con mimo extremo. En ese paraíso la creencia nunca se mezcla extremismo; creencia es igual a manos tendidas generosamente. Frente a la sociedad hostil, terrible y atroz que hemos creado, hay otra de iguales con la que sueño. En ese universo nuevo el hombre nunca será un lobo para el hombre y la poesía se demuestra como la más eficaz medicina para curar los males, pasajeros siempre.

Hoy podemos tropezar con pequeñas pinceladas de ese universo azul en la Tierra. Aún siendo una minoría numerosa, encontramos personas que se entregan a cambio de nada, comportamientos serenos, momentos felices, ejemplos de bondad. Todavía quedan gentes beligerantes contra la desidia, cabezas que promueven buenas soluciones, almas generosas. Son ellos los que dan pie a la esperanza y a la fe en que algún día ese universo azul sea el nuestro. Aunque parezca mentira, por la pandemia del egoísmo que todo lo prostituye, es posible ver pequeños sucesos azules en estos días. Algunas minúsculas pinceladas de ese universo azul se esconden entre estas Historias azules que propongo con el deseo de contagio, de provocar una sonrisa que sume el propósito de enmienda o suscitar algunas ideas para la reflexión. Ojalá que algo de esto yo consiga. Si no fuera así, al menos lo habré intentado…

Como la educación debe imperar en cualquier circunstancia:
Disculpen las molestias.

Del libro “Historias azules” de Fernando Ángel Lumbreras García, Ediciones Alfar (2013)

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