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LA ENTREVISTA. HISTORIAS AZULES (ED. ALFAR, 2013)

 LA ENTREVISTA

                 Radio Libertades es un medio de comunicación pequeño, con modestos recursos y sin grandes pretensiones mediáticas, aunque contar la verdad teniendo la libertad por bandera no deja de ser un objetivo ambicioso. Por su independencia, con duros esfuerzos y muchos problemas había sobrevivido tanto a las dictaduras como a las democracias personalistas de la Argentina de las últimas décadas. Hoy, febrero de 2015, más que un proyecto es una auténtica realidad. Convertida en último bastión al que acuden los argentinos cuando quieren conocer la versión más fidedigna de lo que está pasando en su país y en el resto del mundo. Sigue leyendo

EL PRÍNCIPE NO SALIÓ

A veces no salen las princesas y los príncipes, pero hay que seguir intentándolo con la rana…

EL PRÍNCIPE NO SALIÓ
Varias personas se tiraron rápidamente al estanque para salvar a la niña. Por suerte estaba consciente y solo tragó un poco de agua. Cuando enseguida llegó su madre con un susto de mil demonios la chiquilla mostró una rana que aún tenía apretada fuertemente en su mano derecha. Se limitó a decir: “Mamá, el príncipe no salió…”.

LAS SÁBANAS NUNCA SE QUEJAN

LAS SABANAS NUNCA SE QUEJAN
Compañeras infatigables de nuestras vidas, las sábanas nunca se quejan. Entre ellas, pintadas normalmente de un “verde quirófano” para la ocasión, asomamos la cabeza conociendo las primeras luces. Segunda piel de mil colores y dibujos, amigas fieles que visitamos a lo largo de nuestra vida casi diariamente, compañía templada y estoica. Ya blancas, también nos cubren cuando solo quedamos convertidos en unos míseros restos que se ha de comer el tiempo o el fuego. Sigue leyendo

PRIMERAS PÁGINAS DE PERCIBO AZUL

Octubre, 2010

I

—¿Se puede?

—Manolita, si ya está dentro… Todos los días viene con la misma canción.

—Don Salvador, corra un poquito las cortinas, levante las persianas y abra las ventanas que la casa está siempre a oscuras. Además, cerrado a cal y canto, aquí huele a rancio que tira para atrás. La culpa es suya por poner la cama en el salón. ¿A quién se le ocurre?

—Mujer, lleva unos meses trabajando en esta casa y no hay día que no traiga alguna queja. Ya se lo he explicado mil veces: casi nunca viene nadie a verme, ni quiero que venga nadie. Manolita, es más fácil para usted, hay menos que limpiar. El dormitorio no se usa. Así duermo cuando me apetece.

—El salón es la única habitación grande de esta casa. Además, no hay tresillo, no hay comedor. La estantería de escayola medio vacía, dos butacones, una camilla, la cama y la mesa de madera como si fuera un escritorio. Y un solo cuadro, ese del mar… ¡Don Salvador, parece una casa de pobre!

—Me gusta así de simple. Tiene lo que necesito.

—Lo que tiene, Don Salvador, la casa aparte y per­done que se lo diga, son muchas tonterías en la cabeza. Yo seré una simple limpiadora, más bien bajita, gordita y analfabeta, pero está muy clarito lo que le hace fal­ta: no encerrarse el día entero en una habitación tirado como un perro. Debería salir, airearse y buscar alguna muchacha de vez en cuando.

—Ya se me pasó el arroz, déjelo.

—¡Ni hablar! ¡Vístase y a pasear! A ver si conoce a alguna chica.

—No pienso en las mujeres, no me apetece. Ya tuve bastante.

—Qué va, hombre. Ande… Pero si está usted de muy buen ver. Aún es joven, con esas canas en el pelo y esos ojos azules que parece un actor de las películas americanas. Necesita mujeres en su vida, aunque solo sea para un ratito, aunque solo sea para que le arreglen el cuerpo. ¡Andando! ¡Duchita y a la calle! Mosca que vuela, a la cazuela.

—Mujer, con sus sesenta años qué cosas dice.

—La verdad, toda la verdad y nada más que la ver­dad.

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