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UNA DE SALVADORES

EL TRUMPETA

 

Melania Elena está contenta y Europa entera está “afixiá”.

Fue tan buena la nota que dio aquel “humilde” Trumpeta…

 

Ya tenemos al rubito dirigiendo los destinos de este mundo:

enojadas chicas, bravatas, delirios, desatinos y hasta un muro.

El pueblo democrático por sorpresa le eligió Presidente USA

y al resto, temblones, no se nos arrima al cuerpo ni la blusa.

 

Pero nadie piensa en el americanito que sin prisas, sesudo,

reflexionó y, sigiloso, penetró su voto en aquel embudo.

Millones le votaron mientras la Humanidad quedó muda,

atónita, recelosa, horrorizada, en pánico y repleta de dudas.

 

Melania Elena está contenta y Europa entera está “afixiá”.

Fue tan buena la nota que dio aquel “humilde” Trumpeta…

 

Mal haremos si tan solo nos quedamos en criticar al absurdo

y no buscamos las verdaderas razones de ese extraño triunfo

más allá del pelucón, su fachada y la más simple de unas burlas,

si hay “salvadores” que dejan repletas de muertos las tumbas.

  

 Vivimos desenchufados, embobados, con un sueño profundo

y en nuestras manos está evitar la destrucción en un segundo.

Qué pasará si más “raritos” vencen por otras demócratas urnas

pues hay “salvadores” que dejan repletas de muertos las tumbas.

MI HIPOTECA

Queda pendiente de escribir la misma historia desde la perspectiva de ella, que también tendrá miga.
MI HIPOTECA

-Que sí, cariño, que sí… Aquella casa ha de ser la nuestra.
-¿Cinco cuartos de baño, vida mía? ¿No parece que exageras?
-Ni hablar… Para mí, perfecta.
-Y el salón… Más que salón semeja una era. Mejor otra ¡Ea!
-Quita, quita… Me gusta todo de esa.
-Una preguntita: ¿Cómo saldrán las cuentas?
-¿Eres bobo? ¡Pediremos hipoteca!

Una semana después me armé con inmensa paciencia:
primero, la calculadora para pobres o eso pretendía ella;
después, afanoso, mil papeles y documentos preparo;
luego aporrear las puertas de por lo menos cien bancos:
“Tal vez”, “Quizás”, “Puede”, me da a mí que nos torean
de manera muy sutil, desagradable y abyecta
pues tales no son profesionales respuestas.
Valiera un simple “No” o incluso un sencillo “Si”.
Visitas, llamadas, quedadas ¡Qué coñazo de préstamo!
Capital, intereses, gastos, cuántas condiciones y pegas.
¿Con clausula suelo? Más pronto a los juzgados les llevo.
Incluso cancelación… Ojala… Dios lo quiera.
Entre las cien alguna entidad dijo “Sí”, maldita sea.
Un señor muy estirado lee y comenta: “Esto bien está”.
El señor muy serio que firmemos recomienda: “¡Venga!”
Enrollada por fin la soga al cuello, desastre sin solución.
Enseguida otro calvario, quedo sin respiración:
Mi mujer empieza con los “Poyaque”:
“Poyaque” estamos, otros azulejos
“Poyaque”, un moderno televisor.
Pintura nueva en la casa entera pega.
Eso… “Poyaque” y otros “Poyaque”.
Estos nervios míos nunca descansan:
lo siguiente, la temida y odiosa mudanza,
aunque dijo ésta que habría de hacerla
en verdad fícela yo entera: mentirosa, puñetera.
Milagrosamente sobrevivo a tantísimo despropósito,
pero siempre rosario en mano, necio y cretino,
rezando por el dinero: a final de mes no nos llega.
Culpable soy tanto como la otra. No hay disculpa.
Mi hipoteca, ay mi hipoteca:
Si volver la vista atrás pudiera
jamás te hubiese solicitado y menos aún rubricado.
Intuyo, clarividente, que lo mismo la mayoría piensa.
¡Qué listo fui, por las narices! ¡So atontado! ¡Lumbrera!

CÁNCER

CÁNCER
Poema dedicado a quienes lo han sufrido, lo sufren y lo sufrirán, enfermos y familiares. Mal síntoma que se hable tanto de él por una donación.

Para qué viniste, bicho asqueroso,
si solo siembras enfermedad y muerte y tristeza,
obligando a muchos a tan penosa como desigual pelea.

Qué pretendes, cangrejo sarnoso,
pues amargas por donde pasas convertido en cruel pandemia,
destrozando vidas, amores, amistades y familias.

Por qué, sabandija maldita,
en torno a ti rastreros intereses prosperan, bailan y se contonean
sin obligarte cual mereces a desaparecer de la faz de la Tierra.

Algún día, del demonio escoria,
más pronto que tarde te llegará tu hora y pasarás a la Historia
como plaga terrible y mezquina, sin pena alguna, con ninguna gloria.

Que así sea… Pero ya.

SOLO EL PRIMER MILLÓN CAUSA DOLORES

SOLO EL PRIMER MILLÓN CAUSA DOLORES 

-¿Y a qué debo la visita, Venancio? ¿No estás feliz en tus sillones?

-Hombre, Don Baldomero, con los dos puestos yo de mil amores.

-Entonces… ¿Por qué esa palidez, tal desazón, esos sudores?

-Bueno, es que…

-¿No te lo llevas calentito en blanco, en negro y de todos los colores?

-Que sí, que pega no he de poner, aunque estoy sufriendo horrores.

-Venancio: ¿Conciencia? ¿Miedo? ¿Un ataque de valores?

-¡Ay, Don Baldomero! Últimamente son tantos mis temores.

-¡Habla, tontaina! Arranca, que me tienes hasta los mismísimos bemoles.

-Entiéndame, Señor: con estos viajes rumbo a Andorra yo defeco en los calzones.

-Venancio, alma de cántaro: solo el primer millón causa dolores.

-Ya, Don Baldomero,…

-Después venga “chaletes”, cochazos, “restauranes”, pasta para tres generaciones.

-Ya, Don Baldomero,…

-Y la gran vida: joyas, trajes, coca, copas, picaderitos, hembras y condones.

-Sí, bien que lo sé.

-En el peor de los casos… un par de añitos en prisiones.

-Claro, Don Baldomero.

-Espabilando, buen hombre… ¡A trincar billetes! ¡Que lluevan los millones!

-Por supuesto, quedan bolsas de basura para llenar. Tengo montones.

-Eso, Venancio… Ponte en marcha. De guante blanco, pero al fin y al cabo ladrones.