DE MADRE A PROSTITUTA

El hecho de que insultar se haya convertido en costumbre no implica que sea una buena costumbre.
DE MADRE A PROSTITUTA

Alegremente mutamos dama de madre a prostituta
ofendiendo a su retoño por hacernos alguna faena:
políticos, árbitros, conductores, hasta un largo etcétera…

Muy pronto llamamos a cualquier tipo “hijo de puta”
por meter la pata, fallar, realizar tamaña jugarreta,
si en vida no nos presentaron a esa doña siquiera.

Le importa un bledo a quién vocifera, chilla e insulta
que por dinero dicha mujer nunca se abrió de piernas
pues únicamente ambiciona causar daño en tal oreja.

El “niño” se perdió en el camino sin encontrar la ruta
para ser prodigio, eficaz, sin errores, una lumbrera.
Ella no es culpable, en el empeño se dejó la piel entera.

Será mejor finalmente callar y mordernos la lengua
o por lo menos agraviar al vástago de forma directa
olvidándonos de su santa mamá ¡Déjenla en paz!