Una primavera con flores es lo normal, aunque ventee o truene. Una primavera sin ti no es normal o por lo menos amarga el corazón. Y lo malo es que vendrán más primaveras en las que ya no estés. Y lo malo es que cada primavera me recordará que viviste, que fuiste parte del paisaje, de la memoria que legaré a mis hijos. Tu recuerdo, permanecerá tranquilo en el aliento de los que te amaron, como una barca en un mar sereno, mecida por la brisa que sosiega la rabia de los presentes.
Para mí, cada 27 de marzo, recién estrenada la primavera, evocaré tu nombre, triste y abatida por la ausencia que dejas, inconsolable mi llanto derramado ahogará la razón por la que partiste al lugar de los difuntos, que me enoja y mortifica al saber que ya no podré conversar jamás contigo en el crepúsculo de mis días.