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CURRÍCULUM A LOS CINCUENTA

CURRÍCULUM A LOS CINCUENTA
Dedicado a los que después de muchos años nos truncaron la carrera profesional y aún andamos en la pelea buscando nuevos caminos.
CURRÍCULUM A LOS CINCUENTA

Aquí estoy sentado, abrumado, asustado…
rellenando otra vez mi currículum a los cincuenta.
Qué dolor, qué frustración, cuánta tristeza,
sí no hice más que trabajar de forma honesta.
Hoy me veo en casita, sin futuro y en el paro.

Aquí estoy sentado, detrozado, amedrentado…
No recuerdo muchas cosas. Ya perdí la cuenta
de tantas experiencias que uno almacena.
Pero nada importan, cero valen, nadie pondera
toda esta vida mía de esfuerzos, tanto pasado.

Aquí estoy sentado, acongojado, consternado…
Recuerdo a los culpables que hicieron esa faena
de ponerme de patitas en la calle, hienas,
aunque les absuelvo sin rencor, sin hacer leña,
pues el alma quiero limpia de esos guarros.

Aquí estoy sentado, acobardado, acojonado…
Rellenando otra vez mi currículum a los cincuenta.
Ojalá que de nuevo una oportunidad alguien me diera:
¿Nómina por horas? ¿Autónomo? ¿En negro? ¿Ventas?
Las alimañas del río revuelto siempre se aprovechan.

UNA DE SALVADORES

EL TRUMPETA

 

Melania Elena está contenta y Europa entera está “afixiá”.

Fue tan buena la nota que dio aquel “humilde” Trumpeta…

 

Ya tenemos al rubito dirigiendo los destinos de este mundo:

enojadas chicas, bravatas, delirios, desatinos y hasta un muro.

El pueblo democrático por sorpresa le eligió Presidente USA

y al resto, temblones, no se nos arrima al cuerpo ni la blusa.

 

Pero nadie piensa en el americanito que sin prisas, sesudo,

reflexionó y, sigiloso, penetró su voto en aquel embudo.

Millones le votaron mientras la Humanidad quedó muda,

atónita, recelosa, horrorizada, en pánico y repleta de dudas.

 

Melania Elena está contenta y Europa entera está “afixiá”.

Fue tan buena la nota que dio aquel “humilde” Trumpeta…

 

Mal haremos si tan solo nos quedamos en criticar al absurdo

y no buscamos las verdaderas razones de ese extraño triunfo

más allá del pelucón, su fachada y la más simple de unas burlas,

si hay “salvadores” que dejan repletas de muertos las tumbas.

  

 Vivimos desenchufados, embobados, con un sueño profundo

y en nuestras manos está evitar la destrucción en un segundo.

Qué pasará si más “raritos” vencen por otras demócratas urnas

pues hay “salvadores” que dejan repletas de muertos las tumbas.

MI HIPOTECA

Queda pendiente de escribir la misma historia desde la perspectiva de ella, que también tendrá miga.
MI HIPOTECA

-Que sí, cariño, que sí… Aquella casa ha de ser la nuestra.
-¿Cinco cuartos de baño, vida mía? ¿No parece que exageras?
-Ni hablar… Para mí, perfecta.
-Y el salón… Más que salón semeja una era. Mejor otra ¡Ea!
-Quita, quita… Me gusta todo de esa.
-Una preguntita: ¿Cómo saldrán las cuentas?
-¿Eres bobo? ¡Pediremos hipoteca!

Una semana después me armé con inmensa paciencia:
primero, la calculadora para pobres o eso pretendía ella;
después, afanoso, mil papeles y documentos preparo;
luego aporrear las puertas de por lo menos cien bancos:
“Tal vez”, “Quizás”, “Puede”, me da a mí que nos torean
de manera muy sutil, desagradable y abyecta
pues tales no son profesionales respuestas.
Valiera un simple “No” o incluso un sencillo “Si”.
Visitas, llamadas, quedadas ¡Qué coñazo de préstamo!
Capital, intereses, gastos, cuántas condiciones y pegas.
¿Con clausula suelo? Más pronto a los juzgados les llevo.
Incluso cancelación… Ojala… Dios lo quiera.
Entre las cien alguna entidad dijo “Sí”, maldita sea.
Un señor muy estirado lee y comenta: “Esto bien está”.
El señor muy serio que firmemos recomienda: “¡Venga!”
Enrollada por fin la soga al cuello, desastre sin solución.
Enseguida otro calvario, quedo sin respiración:
Mi mujer empieza con los “Poyaque”:
“Poyaque” estamos, otros azulejos
“Poyaque”, un moderno televisor.
Pintura nueva en la casa entera pega.
Eso… “Poyaque” y otros “Poyaque”.
Estos nervios míos nunca descansan:
lo siguiente, la temida y odiosa mudanza,
aunque dijo ésta que habría de hacerla
en verdad fícela yo entera: mentirosa, puñetera.
Milagrosamente sobrevivo a tantísimo despropósito,
pero siempre rosario en mano, necio y cretino,
rezando por el dinero: a final de mes no nos llega.
Culpable soy tanto como la otra. No hay disculpa.
Mi hipoteca, ay mi hipoteca:
Si volver la vista atrás pudiera
jamás te hubiese solicitado y menos aún rubricado.
Intuyo, clarividente, que lo mismo la mayoría piensa.
¡Qué listo fui, por las narices! ¡So atontado! ¡Lumbrera!