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LAS MIGRACIONES DE MODA

Las migraciones no deberían convertirse en una moda jamás. Dedicado a mi amigo Juan Carlos Velasco que lleva trabajando muchos años en ello.
LAS MIGRACIONES DE MODA

Hace siglos que las gentes levantan sus hogares
por miedo, guerra, miseria o mala ventura
y vagan a otras tierras en busca de mejor fortuna
desafiando callados, valientes, terribles avatares.
No hay poeta, ni poema, ni verso, ni rima
que alcance a expresar tantísimo dolor.

Hoy las gentes siguen abandonando sus hogares
huyendo de balas, horrores o mortal hambruna
sin apenas recibir la más ínfima de las ayudas
en un desolador y penoso viaje hacia ninguna parte.
No hay poeta, ni poema, ni verso, ni rima
que alcance a expresar tantísimo dolor.

Y entretanto nosotros deambulamos por universos digitales
con hipócrita lástima de un día, disfrazados a dudosa ternura,
por esa falsa fotografía con niño muerto que alguno truca
olvidando enseguida la continuidad del infame desastre.
No hay poeta, ni poema, ni verso, ni rima
que alcance a expresar tantísimo dolor.

Sentaditos nos quedamos, aquejados de mil fatuos males,
mientras unos pocos luchan frente a esa indigna usura.
Honores para quienes intentan siempre imponer la cordura
entregando el esfuerzo y la sangre frente a tan cruel dislate.
No hay poeta, ni poema, ni verso, ni rima
que alcance a expresar tantísimo dolor.

DE MADRE A PROSTITUTA

El hecho de que insultar se haya convertido en costumbre no implica que sea una buena costumbre.
DE MADRE A PROSTITUTA

Alegremente mutamos dama de madre a prostituta
ofendiendo a su retoño por hacernos alguna faena:
políticos, árbitros, conductores, hasta un largo etcétera…

Muy pronto llamamos a cualquier tipo “hijo de puta”
por meter la pata, fallar, realizar tamaña jugarreta,
si en vida no nos presentaron a esa doña siquiera.

Le importa un bledo a quién vocifera, chilla e insulta
que por dinero dicha mujer nunca se abrió de piernas
pues únicamente ambiciona causar daño en tal oreja.

El “niño” se perdió en el camino sin encontrar la ruta
para ser prodigio, eficaz, sin errores, una lumbrera.
Ella no es culpable, en el empeño se dejó la piel entera.

Será mejor finalmente callar y mordernos la lengua
o por lo menos agraviar al vástago de forma directa
olvidándonos de su santa mamá ¡Déjenla en paz!

CÁNCER

CÁNCER
Poema dedicado a quienes lo han sufrido, lo sufren y lo sufrirán, enfermos y familiares. Mal síntoma que se hable tanto de él por una donación.

Para qué viniste, bicho asqueroso,
si solo siembras enfermedad y muerte y tristeza,
obligando a muchos a tan penosa como desigual pelea.

Qué pretendes, cangrejo sarnoso,
pues amargas por donde pasas convertido en cruel pandemia,
destrozando vidas, amores, amistades y familias.

Por qué, sabandija maldita,
en torno a ti rastreros intereses prosperan, bailan y se contonean
sin obligarte cual mereces a desaparecer de la faz de la Tierra.

Algún día, del demonio escoria,
más pronto que tarde te llegará tu hora y pasarás a la Historia
como plaga terrible y mezquina, sin pena alguna, con ninguna gloria.

Que así sea… Pero ya.

SOLO EL PRIMER MILLÓN CAUSA DOLORES

SOLO EL PRIMER MILLÓN CAUSA DOLORES 

-¿Y a qué debo la visita, Venancio? ¿No estás feliz en tus sillones?

-Hombre, Don Baldomero, con los dos puestos yo de mil amores.

-Entonces… ¿Por qué esa palidez, tal desazón, esos sudores?

-Bueno, es que…

-¿No te lo llevas calentito en blanco, en negro y de todos los colores?

-Que sí, que pega no he de poner, aunque estoy sufriendo horrores.

-Venancio: ¿Conciencia? ¿Miedo? ¿Un ataque de valores?

-¡Ay, Don Baldomero! Últimamente son tantos mis temores.

-¡Habla, tontaina! Arranca, que me tienes hasta los mismísimos bemoles.

-Entiéndame, Señor: con estos viajes rumbo a Andorra yo defeco en los calzones.

-Venancio, alma de cántaro: solo el primer millón causa dolores.

-Ya, Don Baldomero,…

-Después venga “chaletes”, cochazos, “restauranes”, pasta para tres generaciones.

-Ya, Don Baldomero,…

-Y la gran vida: joyas, trajes, coca, copas, picaderitos, hembras y condones.

-Sí, bien que lo sé.

-En el peor de los casos… un par de añitos en prisiones.

-Claro, Don Baldomero.

-Espabilando, buen hombre… ¡A trincar billetes! ¡Que lluevan los millones!

-Por supuesto, quedan bolsas de basura para llenar. Tengo montones.

-Eso, Venancio… Ponte en marcha. De guante blanco, pero al fin y al cabo ladrones.